Nueva web por la reconstitución del comunismo

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¡Desarrollemos la línea proletaria! ¡Viva la Revolución Socialista!

La Huelga General del 14 N y la lucha de clases

. martes, 13 de noviembre de 2012
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La búsqueda de la salida de emergencia que el capitalismo necesita para solventar su crisis sistémica sigue su curso. Para el gran Capital el pasillo, empedrado con millones de obreros en paro y desahuciados, hacia esa puerta llamada “crecimiento económico” se estrecha y ha de deshacerse de algunos de los sectores con los que, hasta 2008, caminó de la mano por aquel gran salón del Estado del bienestar, que era solo la dictadura del capital con rostro humano y que se sostenía sobre los pilares de la explotación de la clase obrera y el expolio, a manos llenas, de tres cuartas partes de la humanidad. Los mecanismos que la clase dominante ha activado, en forma de ajustes, muestran que el capital se ha empeñado en grabar a fuego la “marca España” sobre los trabajadores mediante esas medidas impuestas a golpe de porra en todos los rincones donde habita el proletariado y que permiten sacar pecho a los tertulianos que gobiernan el país cuando se reúnen con sus socios de la Troika y el Bundesbank.

Los “recortes” y la clase dominante

Primero ha de aclararse: el proceso de reformas de la alianza estructural, formulada en el Estado español a través de la intocable constitución y revalidada cada cierto tiempo por los “pactos sociales”, se encuadra en el nuevo esquema configurado por la burguesía española, en conexión con el imperialismo europeo, para seguir aplastando a la clase obrera. El PP no está haciendo otra cosa que seguir los pasos del PSOE (que sigue en sus trece junto a Izquierda Unida en Andalucía), porque el ataque a la clase obrera es un pacto transversal sellado por los poderes de Europa donde la única problemática está en si se va a robar al obrero con la mano derecha o con la mano izquierda. Un matiz, derecha-izquierda, que hemos de ver en el marco de la lucha de clases para saber contextualizar las reformas y no caer en los juegos del oportunismo.
La unidad temporal entre el capitalismo español y el europeo da señas de que la “soberanía nacional” no ha sido transgredida por ningún agente exógeno, como señalan desde los portavoces oficiales de la democracia hasta algunos “anticapitalistas” que definen la situación mediante la supuesta “pérdida de soberanía” del pueblo español. Esto sólo pueden decirlo aquellos que confían en que de la farsa de las urnas pueda salir alguna vez algo que para la clase obrera no sea dictadura del capital; esto sólo pueden afirmarlo los que quieren hacer creer a los trabajadores que las relaciones entre estados puede darse, bajo el capitalismo, en forma solidaria y comunitaria, y no a través de una lucha por imponer unos determinados intereses nacionales sobre otros. 
Las reformas pues coinciden escrupulosamente con los intereses del capitalismo español, y generan fricciones entre los mismos sectores que forman la dictadura del capital en el Estado español: la burguesía monopolista (el capital financiero e industrial), las burguesías nacionales (vasca, galega y catalana), la pequeña burguesía y los sectores populares privilegiados (la “aristocracia obrera”, cuyo mejor representante es el sindicalismo mayoritario). Los cambios en el sistema educativo y sanitario, en la seguridad social, en las relaciones laborales... no son otra cosa que el modo en que cristalizan ante nuestros ojos los cambios en la correlación de fuerzas dentro de esas clases que ocupan el Poder. En esto contexto la Huelga General convocada por los sindicatos mayoritarios muestra, precisamente, que esos cambios en lo alto de la estructura social, que comprometen a toda la sociedad, se cometen en medio de la lucha entre la misma clase dominante en donde la burguesía monopolista (los Botín, Ortega, Roig, etc.) hace de sus deseos ley. La Huelga General se convierte, en este marco, en un refrendo de la aristocracia obrera frente al capital monopolista, al que los comunistas no podemos acudir para apoyar al sector más crítico o radical de estos elementos con la excusa de la “unidad”, dado que la aristocracia obrera defiende intereses de clase, no solo ajenos, sino antagónicos a los de la clase obrera. Los comunistas por el contrario, hemos de movilizarnos para señalar el carácter de clase de cada uno de los actores sociales así como las verdaderas tareas que ha de acometer el proletariado consciente.

¿Por qué ahora?

Las CCOO y la UGT son la punta del iceberg de la aristocracia obrera. Son los representantes de esos sectores populares beneficiarios de la explotación del conjunto de la clase trabajadora y de los países oprimidos, que se aupó al poder en un contexto social (el de la transición) en donde la correlación de fuerzas entre las clases posibilitó que unas cuantas migajas fuesen del lado de los asalariados: por un lado estaba la necesidad, económica y política, de la clase dominante en España de abrir espacio a otras clases para gestionar el poder, a imagen y semejanza del resto de estados europeos, de otra parte estaba el movimiento obrero como sujeto desestabilizante de la reforma controlada. Estas dos cuestiones entrelazadas eran la base para que un sector de la clase asalariada accediese al Poder, dentro de la democracia capitalista. Desde ese momento y durante tres décadas hay una alianza estable entre el gran capital y el resto de los sectores ya mentados, que se resumen gráficamente en los pactos de la Moncloa y de Toledo. Con el acceso a ministerios de cargos sindicales y con el paso de éstos, cual parlamentarios, de la esfera pública a la privada para recibir recompensa por sus servicios prestados.
Hoy el escenario se muestra distinto. La burguesía necesita “soltar lastre” para tener más poder y abaratar, con más facilidad, la fuerza de trabajo. Con una clase obrera desprovista de sus instrumentos de lucha y con una aristocracia obrera sin la suficiente base, ni económica ni política, para ofrecerse a la burguesía como fuerza de contención, el capital no necesita el elevado número de vendeobreros que durante estos años ha tenido en sus organismos de gestión política y administrativa. El sindicalismo mayoritario, convertido hace mucho al parasitismo capitalista pierde su máscara de actor social, descubriéndose lo que ya sabía cualquier proletario que en su vida laboral se haya topado con ellos: que estos representantes de la podredumbre del sistema capitalista son incapaces de hacer algo distinto que no sea intentar salvar su condición de paniaguados, que excede con creces (a través del salario diferido) a la “burocracia sindical” a la que limitan su crítica el revisionismo y el oportunismo.

La ofensiva del capital y la clase obrera

Ante esta situación la mayoría del movimiento obrero y alternativo trata de construir un bloque de referencia para la clase, siempre, aunque en distinto modo, a través de un sindicalismo “verdaderamente combativo” que lleve la lucha sindical de los despachos a la calle, recorriendo hacia atrás el camino que el sindicalismo ha recorrido a lo largo de la historia. Se intenta, en definitiva, conformar un proyecto político que luche contra los recortes y lleve al sindicalismo a ser lo que fue en otro período.
Pero hay que entender el sindicalismo, no como simple actividad sindical sino como línea política consistente en ir agregando los distintos problemas que asolan a la clase obrera (paro, pobreza, exclusión, vivienda, racismo, etc.) a una especie de tablero de reformas en donde la solución de cada cuestión se encuentra compartimentada. El sindicalismo es aquella propuesta política que encierra a los trabajadores en el tira y afloja con el patrón y con el Estado burgués: más salario, más derechos sociales, más reparto justo… que en el siguiente reajuste del capital volverán a ser barridos para que empecemos de cero, pues son solo concesiones temporales que el capital se ve obligado a realizar en un contexto de ascenso de las luchas populares. Pero estas luchas, por más que estén dinamizadas por “revolucionarios” y se pretendan para, con buenas intenciones, “acumular fuerzas”, no sirven más que para plantear a la clase dominante una revisión de sus políticas para con los trabajadores Y no otorgan a la clase obrera una conciencia revolucionaria que eleve al movimiento sobre la meraresistencia a los envites del capital monopolistapara lo que ni siquiera están sirviendo. Si acaso ayudan al “anticapitalismo” existente a ponerse en la cola de la aristocracia obrera y ser vehículo de la ideología burguesa entre los trabajadores. 
Para crear conciencia revolucionaria entre las amplias masas obreras, es decir para construir el movimiento revolucionario, es necesario, en primer lugar, que reconstituyamos la ideología de la clase obrera, pues si no hay teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. Es decir, si no se tiene en cuenta la experiencia histórica de la clase obrera y no se lucha contra las bases teóricas del reformismo que supura al movimiento obrero y las luchas espontáneas, recolocando al comunismo revolucionario en la vanguardia ideológica de la clase obrera, es imposible desarrollar una línea general sobre las tareas de la Revolución. Solo con el desarrollo consciente de esta labor es como podrá ponerse en pie el movimiento revolucionario organizado que a través de la ejecución de programa político ponga en práctica la transformación de las condiciones de vida de los trabajadoresunificando esa conciencia revolucionaria con el movimiento de masas, entendiendo este conjunto organizativo proletario como Partido Comunista. Y su constitución implica un largo proceso que (siendo realistas y no dejándonos llevar por los distintos movimientos espontáneos que tan pronto aparecen como desaparecen, que están accionados por la política que sigue el capital o que, directamente, representan intereses distintos a los del proletariado) choca radicalmente con las medidas cortoplacistas e infantiles que esgrime el oportunismo, se vista de rojo o de anarconsindical, que no logra salir de esas inercias sindicalistas que son las que precisamente han despojado al proletariado de sus organismos de combate que a lo largo del siglo XX hicieron temblar el poder internacional de la burguesía. Unas lógicas reformistas en donde lo que se llama “revolución” (o “proyecto constituyente”, a gusto del consumidor) no es más que una componenda con amplios sectores de la clase dominante a través de la cual se repartiría justamente la riqueza social entre capitalistas y trabajadores. Toman el Estado en abstracto y no como un instrumento de una determinada clase.
Tal es así que incluso se habla, con bastante ligereza, de construir, “poder popular” o “contrapoder”, pero eso sí, limitando ese poder del pueblo a ser el espíritu ético de la burguesía (salvo algún “oligarca” a nacionalizar) a la que se hará entrar en razón a golpe de los decretazos impuestos por el Estado… ¡de los propios capitalistas!. El mismo Estado diseñado exclusivamente para aplastar a la clase obrera en la producción o para expulsarla de la misma, para dejarla sin hogar e ilegalizar sus organizaciones, para limitar el derecho a manifestación y encarcelar a los más conscientes o para pisotear los derechos nacionales de los pueblos.
Porque desde el punto de vista de la Revolución Socialista, “poder popular” no puede ser una consigna vacía que se grite en aras de captar más votos en unas elecciones en las que la burguesía reparte su poder. Poder Revolucionario significa instituciones nuevas, creadas por y para la clase obrera y cuya tarea primordial es luchar contra las instituciones del Estado capitalista edificando el programa emancipatorio del proletariadoLa Revolución no es un problema de dirección, sino de construcción. No puede pretenderse que la revolución consista en agazaparse tras los movimientos espontáneos, perdidos en la conciencia sindical, para soltarles un par de consignas que los radicalice y los lleve a la “insurrección”. Si el poder burgués es la alianza de las facciones del capital para ejecutar su programa político (sus intereses de clase) el Poder proletario ha de ser la unión de la clase obrera ejecutando su programa revolucionario. Aquí no existen subterfugios.
El programa de acción que se crea de enraizar la ideología revolucionaria, depurada de oportunismo, con las masas proletarias a través del Partido Comunista, solo puede tomar tierra con la sucesiva edificación del Poder popular que solo puede significar, para la clase obrera, confrontación de la dictadura del capital con la democracia de los trabajadores, con la dictadura revolucionaria del proletariado. Observarlo de otro modo es, simple y llanamente, inducir a la clase obrera por el camino del pacto social, de la transacción mercantil entre intereses políticos que le son ajenos y que no proponen, más allá de las formas, nada que se aleje un solo ápice de la democracia burguesa, de la dictadura del capital.


"El capitalismo es un sistema imposible de reformar. La tarea histórica del proletariado moderno es destruirlo, no reformarlo“
V.I. Lenin

Juventud Comunista de Almería

Juventud Comunista de Zamora

Noviembre 2012

Próxima escuela de formación

. lunes, 29 de octubre de 2012
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Desde la JC-Almería os informamos de que el próximo domingo 25 de Noviembre, desarrollaremos una escuela de formación sobre filosofía marxista, para asistir a la misma poneos en contacto con nosotros a través de nuestro nuevo correo corporativo: jjccalmeria@gmail.com.

II Sesión de formación del Círculo de Estudios Marxistas de Almería

. viernes, 14 de septiembre de 2012
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Tras la buena acogida del Círculo de Estudios Marxistas de Almería en su primera sesión, donde se trató El Estado y la Revolución y El Mito de la Democracia; volvemos a la carga con El Imperialismo: fase superior del capitalismo.
La sesión será el domingo 7 de octubre a las 18:00 en la sede de USTEA, C/ Jorge Guillén, 1-Bajo (04006) Junto C/Manuel Azaña -continuación Avda. Perú- (junto al Carrefour).

Como en la anterior sesión los textos deben de traerse correctamente preparados para que de esta manera, los debates sean mas profundos y enriquecedores.





Enlaces al documento:




Plano para llegar:


Programa de la IV escuela de formación

. martes, 14 de agosto de 2012
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La IV escuela de formación de la JC-Almería se desarrollará íntegramente en la Sala Juan Goytisolo (en los aparcamientos del muelle de levante del puerto de Almería)

Los horarios de debate serán de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00


El día 16 correspondería con la recepción de los camaradas y el inicio formal de la escuela y sus saludos de organizaciones.

El día 17 correspondería con el debate entorno a la Reconstitución del Partido Comunista.

El día 18 correspondería con el debate entorno al desarrollo histórico del marxismo y del revisionismo.

El día 19 correspondería (aunque no aparece en el documento de lectura previa con un tercer punto diferenciado sino a través de lo que se ha ido viendo en los otros dos) con el debate entorno a las Leyes Generales de la Revolución que por ahora podemos ir definiendo, o al menos esbozando.

El día 20 finalmente sería de despedida, clausura y tiempo para reuniones bilaterales, trilaterales, etc. (si bien estas pueden ir desarrollandose en los días anteriores también).

asimismo los documentos han sufrido alguna pequeña modificación:

IV escuela provincial de formación

. lunes, 30 de julio de 2012
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Entre los próximos días del 16 al 20 de agosto, la Juventud Comunista de Almería, desarrollará su IV escuela provincial de formación, que constará de tres bloques:
  1. La reconstitución del Partido Comunista
  2. La evolución del marxismo y el revisionismo
  3. La toma del poder
La metodología que se empleará será la de la lectura individual (previa a la escuela) de los documentos base para que posteriormente se desarrollen debates sobre las temáticas a tratar, debates de los cuales se pretenden sacar unas síntesis por escrito para trasladar al Movimiento Comunista Español y que a la vez sirva de debate para el resto de destacamentos.

Para más información escribid a nuestro correo ujcealmeria@gmail.com

Aquí podrás descargar el documento para el debate: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/26325-iv-escuela-de-formaci%C3%B3n-de-la-juventud-comunista-de-almer%C3%ADa.html

Estos son los documentos que se tratarán  en esta escuela.

Primera sesión de formación del Círculo de Estudios Marxistas

. viernes, 20 de julio de 2012
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El próximo domingo 12 de agosto, a las 18:00, se desarrollará la primera sesión de formación del Círculo de Estudios Marxistas, en la sede de USTEA (C/ Jorge Guillen, nº 1-bajo, junto a la calle Manuel Azaña.

Se debatirá El Estado y la Revolución de Lenin, así como el texto El mito de la democracia:
una interpretación marxista de la dictadura y la democracia.

Hay que acudir con los textos preparados para un adecuado seguimiento y participación de los debates.

Enlaces a textos:

El Estado y la Revolución: http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/SR17s.html

El mito de la democracia: http://odiodeclase.blogspot.com.es/2012/07/el-mito-de-la-democracia-una.html

Jornada de movilización del 19 de julio

. jueves, 19 de julio de 2012
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Octavilla, redactada para la manifestación del 19 de julio a las 20:30 en Puerta Purchena.

LA CRISIS DEL SISTEMA Y LA JUVENTUD TRABAJADORA

La actual crisis económica está poniendo al orden día los límites del capitalismo y el cómo estos actúan en nuestro día a día.
El capitalismo en su actual grado de desarrollo (fase imperialista) tiende constantemente a la proletarización y la pauperización de quienes participan en la producción ¿qué significa esto? Que el capitalismo para mantener sus períodos de expansión necesita empobrecer a la clase trabajadora, hacer descender su nivel de vida y su poder adquisitivo en un proceso al que se une la necesidad objetiva de hacer descender a más sectores sociales a la posición del obrero asalariado (los profesionales, los autónomos…) que desprovisto de los medios de producción tiene que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Esta tendencia general del capital (más obreros y más pobres) la vemos en todas partes: reducciones salariales, recortes sociales, cierres masivos de pequeñas empresas… en definitiva aumento de las filas de la clase obrera y descenso de nuestro nivel de vida. Cada vez somos más los obreros asalariados en el estado español y en el Mundo.
Las crisis del capital se producen generalmente como crisis de sobreproducción. Es decir, el capital para mantener sus ganancias y la extracción de plusvalía a los trabajadores necesita producir más y más hasta llegar a un punto en que el mercado no puede absorber todo lo que se produce. Los bancos mantienen esa producción ya que financian la compra de más productos haciendo aumentar el consumo (el mejor ejemplo es el mercado de la vivienda). Pero en el fondo están preparando las condiciones para que las consecuencias de la crisis, cuando estalle, sean más graves. Cuando ya es imposible dar salida a los productos estos se estancan y el capital financiero “desaparece”, los bancos no dan créditos ni hipotecas y el obrero obligado a consumir para mantener su puesto de trabajo es tildado como un “vividor” que estuvo por “encima de sus posibilidades”. La prensa convierte las crisis cíclicas de la producción capitalista en un problema individual y moral del trabajador “poco ahorrador” o del capitalista que invirtió mal.
Cuando las crisis estallan el capital necesita destruir fuerzas productivas, tanto mano de obra (despidos masivos) como empresas (cierres) para así dar salida a lo sobreproducido e iniciar otro ciclo de crecimiento y beneficio, esto es, reactivar el proceso de acumulación de capitales que necesariamente acabará en una nueva crisis. Es la constante de las crisis cíclicas del capitalismo.
En esta operación, los burgueses se ven obligados a cantar por la defensa de la libertad mundial, la patria amenazada, la civilización en peligro… para inventarse las guerras de rapiña. Invaden países donde exterminan a importantes segmentos de la población, destruyen sus fábricas y sus infraestructuras y así conquistan un nuevo mercado hacia el que exportar, para poder iniciar acumulación de capital. Hace un año la UE y EEUU decidieron bombardear Libia asesinando a cerca de 100.000 personas. Hoy las bombas sobre Siria hacen sonar los tambores de una guerra a gran escala contra Irán, donde morirán cientos de miles de obreros por las necesidades de un imperialismo en crisis que necesita guerra para poder invertir en industria militar, de equipamientos, construcción…

Y todo esto tiene su proyección política. Las crisis económicas hacen que el capital se reconfigure. El Estado es un órgano de opresión de la clase dominante, pero en su gestión también cristalizan las relaciones entre las clases que se benefician del sistema capitalista: la oligarquía financiera, la burguesía industrial, la pequeña burguesía, la aristocracia obrera… Y vemos como aprovechando el ataque al conjunto de la clase obrera, los sectores financieros e industriales aprovechan para atacar a los sindicatos mayoritarios (representantes de la aristocracia obrera) quitándoles poder dentro de la democracia capitalista al minimizar la fuerza de los convenios colectivos, reconfigurando las Cajas de Ahorro, etc. Esto que se lleva de forma democrática entre estas clases en el poder a través de debates parlamentarios, negociaciones, huelgas pacíficas, manifestaciones semi-festivas… incide de forma dictatorial sobre la clase obrera, pues ocurre que en las disputas entre la burguesía quien sirve siempre como carne de cañón es la clase obrera. Y así mientras CCOO, UGT, el PSOE, el PP, la CEOE… llevan cuatro años con la paz social en la boca, el proletariado sufre la violencia estructural de la dictadura parlamentaria con más de 1 millón de familias sin ningún tipo de ingreso, con más de 5 millones de obreros parados, con cientos de miles de migrantes españoles o extranjeros obligados a marcharse del país, con decenas de miles de familias que no pueden pagar la calefacción, que pasan hambre todos los días del año o que son expulsadas de su casa. Y que encima tienen que aguantar los insultos de la patronal y de los pesebreros de las tertulias de radio y TV.

En las metrópolis imperialistas los recortes de libertad se presentan irónicamente como salvación de la misma. Nuestra sociedad es desde hace tiempo un gran cuartel militar reaccionario donde se coartan los derechos a la vez que se constituyen ficheros ideológicos de la población, se convierte al ciudadano en un delator y confidente del Estado. La policía toma las calles y hace de cada acto político una persecución contra los sometidos por el régimen burgués. En tiempos de bonanza la persecución política se asume como defensa de la sociedad por parte del Estado frente a los radicales: antifascistas, okupas, abertzales, comunistas… en tiempos de crisis todos los trabajadores somos el enemigo, con independencia de nuestro nivel ideológico y organizativo, aunque la burguesía siempre tiende a descabezar a la clase persiguiendo a los más conscientes y mejor organizados, precisamente a los que tilda de radicales.
El gran capital interviene a los países con deudas. Antes se financiaban golpes militares en América y se aplaudía el genocidio de los campesinos y sus guerrillas. Hoy la “troika” impone gobiernos tecnócratas en Italia y dicta la subida del gasto militar a Grecia a la vez que le obliga a dejar en la calle a cientos de miles de trabajadores públicos. Panorama que en breve llegará al estado español.

Ante este duro paisaje la burguesía recrudece su ofensiva ideológica justificando toda operación contra la clase obrera: recortes en educación, despidos en masa, guerras en Oriente Próximo, cacerías policiales de inmigrantes “sin papeles” en Madrid o Barcelona, etc. Se busca crear la conciencia de que no hay salida posible, de que este es el único camino que la sociedad puede andar, el que pasa porque los trabajadores sigamos subordinados a los intereses de capital. Pero ¿es esto cierto? ¡No!
El régimen capitalista se sustenta sobre nuestras manos de donde salen las riquezas que sirven a los burgueses para comprar a los mercenarios de la pluma y la pistola. Es nuestro trabajo el que permite al patrón despedirnos y seguir en su gran casa con su Mercedes último modelo mientras se vanagloria de ver su bandera ondeando en Bagdad o Trípoli y a sus tropas desfilando por la Castellana.
Los trabajadores y, en especial, la juventud tenemos que organizarnos para luchar por otro modelo social, por un sistema en donde no estemos subordinados a nuestros explotadores y en donde la administración de las cosas no signifique que deba existir un Estado que cuenta con miles de burócratas, de militares, policías, etc. que solo sirven a la burguesía y cuya misión social es mantener el orden establecido.

Para nosotros esa sociedad es el Socialismo, la dictadura revolucionaria del proletariado, en donde son las clases obreras y populares las que organizan su democracia contra las clases explotadoras, para destruir las relaciones sociales que hoy nos impone la dominación capitalista con su paro, su miseria, sus guerras de rapiña, su destrucción del medio ambiente, su opresión sobre los pueblos...

Para ello necesitamos construir una organización que conecte de manera real esos intereses estratégicos con nuestra actividad diaria. Y para ello se necesita de una teoría que nos permita comprender la práctica previa de la lucha de clases, que nos ayude a analizar la rica experiencia de la Revolución Proletaria Mundial, pues la lucha no es nueva y los trabajadores llevamos ya dos siglos enfrentándonos al capital. Y si no somos los trabajadores los que construimos esa teoría sobre nuestra propia experiencia serán las clases dominantes las que utilicen a nuestros combatientes y muertos para sus propios intereses (gran ejemplo nos brinda la memoria histórica fomentada por el Estado, que trata a los obreros revolucionarios de los años 30 como a reformadores del capital y precursores de la Constitución del 78)
Solo con esa teoría, que definimos como socialismo científico, podemos elaborar un Programa Revolucionario que logre conectar realidad presente con objetivo futuro. Pues el programa revolucionario como praxis real de un movimiento político revolucionario organizado pasa necesariamente porque ese programa y ese movimiento tenga unas bases independientes con respecto a las políticas de la burguesía y nos permita mantener la cuestión de la Revolución y el Socialismo no como horizonte lejano y propagandístico, sino como realidad tangible sobre la que nos organizamos.
La construcción de ese movimiento, que es lo que concebimos como Partido Comunista, necesita de la participación activa de los sectores conscientes y combativos de la juventud trabajadora y necesita de esa teoría que nos permita actuar fuera de los cánones establecidos por la ideología dominante en todas sus formas (desde las más reaccionarias hasta las supuestamente progresistas que solo plantean reformar algunas consecuencias del capital y volver al falso bienestar del capitalismo de rostro humano). Es decir que hoy es primordial para la juventud trabajadora organizarse para resolver las tareas políticas y teóricas que tiene nuestra clase social para luego llevarlas a término enfrentándonos directamente al capitalismo y su régimen desde las estructuras sociales y organizativas, de todo tipo, que construyamos como clase revolucionaria que debe encontrar en su experiencia histórica, sintetizada en teoría revolucionaria, y en su posición objetiva en la producción capitalista, las bases para construir el Socialismo y el Comunismo destruyendo al capital.

¡DESTRUYE AL CAPITAL, CONSTRUYE COMUNISMO!

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