Nueva web por la reconstitución del comunismo

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¡Desarrollemos la línea proletaria! ¡Viva la Revolución Socialista!

Ante el ciclo electoral de 2015: ¡Boicot!

. viernes, 22 de mayo de 2015
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Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder

V.I. LENIN

El presente curso ha sido señalado por los representantes de la burguesía como el año del cambio, pues en él coinciden elecciones municipales, autonómicas y generales. Todos los partidos toman posiciones, ya que nadie quiere perder su papel en esta perversa farsa tantas veces representada y en donde siempre pierde el proletariado. No tanto porque nuestra clase se juegue algo durante esas jornadas en que se escenifica la fiesta de la dictadura parlamentaria, sino porque el mero desarrollo de las mismas no es más que un medio para que las variadas estratificaciones del capital colaboren entre sí en la ardua tarea de acumular fuerzas para la reacción, encuadrando a las masas en su órgano político predilecto, el Estado burgués y su pléyade de organismos de representación: desde el ayuntamiento, venerado por los feligreses sin aspiraciones de la pequeña burguesía, al parlamento central, a donde tradicionalmente han peregrinado, sin mucha suerte hasta ahora, los que saben que para mendigar limosnas han de tratar con el capital de alta alcurnia.
La caducidad histórica de las instituciones burguesas se demuestra en que desde éstas sólo es posible desarrollar una política que va en contra de la mayoría de la sociedad. El reformismo es reaccionario, pues reproduce la base socioeconómica del capitalismo. Los más piadosos deseos del sindicalista, las éticas proposiciones del pequeño propietario, se traducen siempre en más explotación y miseria para el proletariado, así como para las masas de los pueblos oprimidos.
 Pero tal agotamiento de los instrumentos que la burguesía sostiene para representar su mundo, no sólo se inscribe para la clase obrera en términos negativos. La experiencia acumulada durante todo un periodo de la Revolución Proletaria Mundial (RPM), el Ciclo de Octubre, nos enseña que la clase proletaria, lejos de tener que tomar los instrumentos de dominación de la burguesía, a través del concurso pacífico en las elecciones o violento mediante una insurrección formal, ha de romper violentamente la máquina estatal de la burguesía a través de sus propios medios de lucha: el Partido Comunista representa la organización del proletariado como clase revolucionaria y comporta la existencia de todo un sistema único de organismos de todo tipo, que la vanguardia en fusión con las masas constituye para enfrentarse a la dominación de clase de la burguesía. Este enfrentamiento ha de encauzarse a través de la organización del proletariado revolucionario como clase dominante, siendo así que la tarea del Partido Comunista, una vez está reconstituido, es la de construir los órganos de Nuevo Poder, la dictadura del proletariado, organizando masas a través de la estrategia de Guerra Popular, es decir, mediante la línea militar proletaria como concreción de la línea de masas en ese estadio de desarrollo del proceso revolucionario.
Los medios parlamentarios, sin embargo, no permiten a la vanguardia elevar la conciencia política de las masas de la clase para que comprendan la necesidad inmediata de la revolución socialista, pues tan sólo permiten reproducir el régimen de dominación existente. Esos medios, como recurso táctico de la revolución, se circunscriben al período de acumulación de fuerzas pacífico, o político, en contraposición a la fase militar de la revolución. Más en concreto, sólo pueden servir en la fase inmediatamente anterior a la existencia del Partido Comunista, cuando se trata de que el movimiento de vanguardia comunista se vincule políticamente a la vanguardia práctica de la clase obrera. Es sólo en este período, en función de múltiples contingencias a tener en cuenta en cada momento, cuando la vanguardia marxista-leninista podrá utilizar las viejas instituciones como tribuna y siempre en función de las necesidades concretas del proceso de reconstitución del comunismo.
En la actualidad, en el Estado español multitud de organizaciones que dicen defender los intereses de la mayoría, se afanan por mostrar la validez de las instituciones burguesas como medio central para el desarrollo del movimiento obrero o popular, pues por más vueltas que le den, la estructura parlamentaria siempre aparece como centro desde el que han de aplicarse las demandas de los movimientos de resistencia que ellos dirigen o pretenden dirigir.
Un lugar privilegiado entre quienes defienden la estrategia parlamentaria lo ocupa hoy Podemos. Esta organización se ha destacado como socialdemocracia rediviva durante el último año, desde su sorprendente resultado en las pasadas elecciones europeas. Por los intereses de clase que representa y por la procedencia de sus cuadros políticos, Podemos es fiel reflejo del partido obrero liberal legado por el Ciclo de Octubre, cuya definición pasaría por una contraposición formal a los efectos del capitalismo tardío (proletarización de capas medias, pauperización de las masas, internacionalización de las relaciones capitalistas), combinada con una defensa a ultranza del Estado Benefactor (cuyos pilares son la sobreexplotación de las masas proletarias y la opresión de otros pueblos). Aunque todo esto cristaliza en Podemos sin el peso social y cultural de ser una organización oportunista nacida al calor de ese ciclo: para defender la reforma del capital, Podemos se agarra a la democracia en general, sin necesidad de referirse complementariamente a Enver Hoxha, a Pyongyang o a la URSS del señor Breznev, como hacen los diversos gremios de la ortodoxia revisionista. De hecho, Podemos ni siquiera pretende hacer suyo el bagaje político y cultural del movimiento obrero, como ha mostrado este último Primero de mayo, suponiendo este deslinde con la tradición obrera la verdadera diferencia entre la nueva socialdemocracia y la vieja socialdemocracia comunista, y que hace permisible introducir en el discurso revolucionario esa distinción de matiz entre el oportunismo a lo Podemos y el revisionismo que aún hegemoniza el movimiento comunista existente.
En lo concreto, Podemos se presentó en sociedad para disputar la hegemonía, en nombre del pueblo, a las élites económicas, con el objeto de reimpulsar dentro del sistema democrático-burgués el papel de las llamadas clases medias (aristocracia obrera y pequeña burguesía). Tras un año de pre-campaña electoral, la propuesta de Iglesias y cía. se ha desfondado, mostrando que la reforma desde abajo, si no se presenta como alternativa reaccionaria a un verdadero movimiento revolucionario, como ocurriera durante el Ciclo de Octubre, no tiene recorrido. Y eso que, al contrario que su organización hermana Syriza, Podemos aún no ha gestionado el viejo poder. Lo cómico es que los Iglesias y cía. se han mostrado oportunistas incluso con sus principios burgueses, pues lo que están traicionando con sus patéticas peticiones en las negociaciones con la lideresa socialista en Andalucía, es la gradación de las reformas del régimen del 78, es esa fatua lucha contra la corrupción que se ha convertido en leitmotiv de esta nueva vieja socialdemocracia. Del republicanismo tradicional han transitado hacia aquella conservadora concepción de la política que tiene por centro la accidentabilidad de las formas de gobierno. Del ramplón internacionalismo pequeño burgués valedor de la Venezuela bolivariana, han pasado a la primera línea de defensa de la unión monetaria europea, el infranqueable muro defensivo de la Troika. En suma, nuestros nuevos oportunistas, los que hace un año se dieron un bautismo de masas en que se autoproclamaron como ingenieros de la nueva política, son los primeros que acuden a comulgar cuando el capital monopolista dispensa sus ruedas de molino.
Pero lo más importante en relación a los límites del parlamentarismo como política proletaria, es que incluso hoy Podemos plantea su concurso electoral como una combinación entre movimientos sociales e instituciones, poniendo siempre en valor que el parlamento no es el eje central de su acción política, sino sólo un paso más hacia la realización de sus lineamientos programáticos. Más allá de lo absurdo que resulta plantear esto por quienes han utilizado su capacidad de movilización social para servir de válvula de escape a la crisis de las instituciones maquillando a éstas (sólo así puede percibirse la participación en las elecciones al ¡parlamento europeo! ¡la institución más despreciada por las masas!), lo que este discurso demuestra es: en primer lugar que Podemos y lo que representa son un eco de esa concepción política que acabó dominando a los partidos proletarios durante el Ciclo de Octubre, tomados por el inmediatismo político al carecer de una estrategia revolucionaria. Y segundo, que aquella concepción empirista y economicista que se somete al devenir de la democracia burguesa, con los ritmos que el parlamentarismo le impone, lejos de ser la plasmación de la flexibilidad táctica que ha de nutrir el desarrollo de la táctica-plan de la vanguardia revolucionaria, no es más que la muestra del cerril dogmatismo y la estrechez de miras de quienes no conciben más mundo posible que el que el mercado capitalista en su incesante reproducción pone ante sus narices.
La ligazón entre este oportunismo y el revisionismo queda clara en los paralelismos presentes en su quehacer político. Ahí tenemos al Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), como si tres décadas después de práctica de masas con nulos resultados, le hubiesen llevado a despertar, una vez más, en 1984. Análisis tras análisis, nuestros revisionistas han llegado invariablemente a la misma conclusión, con independencia del estado concreto de la lucha de clases: siempre que la burguesía convoca elecciones, allí está el PCPE para presentar un programa mínimo, concienzudamente preparado para combatir el izquierdismo de las masas y presto a ser realizado de urgencia dentro de los márgenes del Estado burgués. Pero qué mejor ejemplo de esa interpenetración entre los postulados de las diversas facciones de la aristocracia obrera radicalizada que la dramática posición del Partido del Trabajo Democrático, atravesado por sus dos eternas pasiones: la de la ortodoxia revisionista que sigue acogiendo en su seno, y la del bravo oportunismo consecuente que se abre camino, como señala el mismo nombre de la organización, como mostró su petición de voto a Podemos en las pasadas europeas y como evidencia su vocación a conquistar las concejalías obreras para desde las instituciones burguesas crear ¡conciencia sindical!, que al parecer es la nueva tarea de los comunistas. ¡El imperialismo los cría y ellos se juntan!
            La firmeza de oportunistas y revisionistas para defender dogmáticamente su estrategia parlamentaria contrasta con su eclecticismo generalizado ante el referéndum del 9 de Noviembre en Cataluña. Podemos, exponiendo los límites del nuevo reformismo, nadó en la charca de la ambivalencia respecto al derecho democrático a la autodeterminación, sin ocultar su actitud chovinista-españolista. Y el resto de socialdemócratas comunistas reptaron entre la ambigüedad y la férrea defensa del statu quo, el que garantiza el sometimiento nacional de Cataluña. El revisionismo, instalado en la quietud y el obrerismo más estrecho, fue además incapaz de comprender la significación del referéndum y sus diferencias con una convocatoria convencional: el 9-N tenía un carácter imperativo, en el que el pueblo catalán podía expresar sin mediaciones su posición ante la relación entre Cataluña y el Estado español. El 9-N podía, pues, servir para dar solución a la opresión nacional que sufre Cataluña. Además, aquel referéndum significó una brillante ocasión para la educación en el internacionalismo proletario de nuestra clase. Elementos todos estos que permitían la incursión de la vanguardia marxista-leninista en la gran política, sin menoscabo del mantenimiento de la independencia política de nuestra clase, en cuyo horizonte más cercano sigue estando la resolución de los problemas ligados a la reconstitución ideológica y política del comunismo
Pero frente a la estulticia de los representantes de la aristocracia obrera, las posiciones del proletariado revolucionario empiezan a avanzar. Aunque la Línea de Reconstitución (LR) sigue siendo a día de hoy una corriente ideológica en el seno de la vanguardia de la clase proletaria, lo que exige priorizar la reconstitución ideológica del comunismo, el avance del marxismo-leninismo entre los sectores más avezados de la clase obrera es una realidad. Derivada de esta situación, la LR tiene hoy entre sus principales tareas la de articularse como movimiento político de vanguardia, construyendo un referente de la vanguardia marxista-leninista que pueda acometer el Plan de Reconstitución a través del Balance del Ciclo revolucionario y del desarrollo de la lucha de dos líneas. Medios que garantizan esa construcción del movimiento proletario revolucionario sobre bases independientes y ajenas a los parámetros que la inercia del capital impone al oportunismo en sus diversas formas, desde las más neonatas hasta las que siguen parapetándose en los hábitos liquidadores del pasado siglo.
            Por ello, ante las sucesivas convocatorias electorales que la clase obrera va a padecer a lo largo de este año, en donde el único cambio posible se sitúa sobre el nombre de quiénes van a gestionar la dictadura del capital durante los próximos años, la consigna a defender desde el comunismo revolucionario es la del boicot: ¡Porque las elecciones no sirven para defender los intereses de las masas proletarias! ¡Porque las elecciones no sirven a la vanguardia revolucionaria para reconstituir comunismo!


¡Por la reconstitución ideológica y política del comunismo!
¡Guerra popular hasta el comunismo!
¡Ante la farsa electoral, boicot!
¡Ni un voto obrero en las urnas!
    

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Mayo de 2015

Estado español

El 9-N y el internacionalismo proletario

. jueves, 14 de mayo de 2015
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En el período actual el elemento que está marcando la lucha de clases en el Estado español es el enfrentamiento entre el movimiento nacional catalán y el centralismo español. El primero está compuesto por la burguesía media, la pequeña burguesía y parte de la aristocracia obrera catalana. En tanto esas clases catalanas han participado, y lo siguen haciendo, de la democracia burguesa española, cuentan con ciertos resortes del Estado capitalista español, desde el cual están intentando encauzar, todavía bajo la dirección de esa timorata burguesía media, y dirigir un movimiento de masas que amenaza con sobrepasarles por momentos, precisamente por limitar los compases de ese movimiento soberanista a lo que dictaminan las leyes de Madrid. El segundo, el centralismo español, cuenta con todo el aparato burocrático-militar, organizado en base a los intereses del gran capital financiero. El mismo que sirve tanto para aplastar al proletariado como para seguir imponiendo las cadenas de la hispanidad tanto al pueblo catalán como a todos aquellos pueblos que bajos sus fronteras reclaman sus derechos nacionales.
Por su parte, el proletariado, la clase revolucionaria llamada a destruir el orden existente, se encuentra desprovisto de sus más elementales organizaciones. Nos hallamos en ese período político (tras el fin del Ciclo de Octubre) que hace que el proletariado revolucionario no pueda incidir, todavía, de forma efectiva en la gran lucha de clases, pero que sin embargo demanda a la vanguardia una posición concreta ante las problemáticas que atenazan a nuestra clase, máxime cuando son de tan profundo calado como la cuestión nacional. Desprovisto de aquellas organizaciones, desprovisto incluso de un primario movimiento práctico el proletariado está separado, de facto, nacionalmente, pues está inserto en las dinámicas políticas de las distintas facciones de la burguesía que de una u otra forma irradian su nacionalismo (de la nación opresora o de la oprimida) y provocan ese recelo nacional, ese distanciamiento de los obreros por su nacionalidad que el capitalismo crea y reproduce sin cesar.
La solución al problema nacional es eminentemente de carácter democrático-burgués, pues se soluciona con la equiparación de derechos, con la igualdad. Y esta igualdad que el comunismo defiende ante el problema nacional se desarrolla desde el derecho a la autodeterminación, que no es otra cosa que el derecho de una nación a separarse y a tener su propio Estado. Y en tanto derecho democrático, este puede resolverse, insistimos, en la sociedad burguesa y bajo el imperialismo, lo cual no implica que el proletariado, y ni mucho menos su vanguardia, pueda permanecer inalterable ante este tipo de opresión y, en consecuencia, a la posibilidad de resolver la misma. Sin embargo este es un derecho democrático práctico que el proletariado revolucionario tiene que tener presente siempre y ante cuya concreción política es donde los revolucionarios han de marcar la línea de demarcación frente a esa oquedad que blande el revisionismo.
El marxismo exige que el problema de la opresión nacional sea tratado de forma diferenciada pero que es complementaria, por parte del proletariado consciente en la nación opresora y en la nación oprimida. Lo que trae consigo que en la nación oprimida los revolucionarios deben tratar el problema desde la perspectiva de la unidad voluntaria de los pueblos mientras que en la nación opresora se ha de señalar en términos de la más estricta igualdad nacional, lo que comporta el derecho a la libre separación. Se trata en definitiva de educar a las masas en la democracia consecuente. En lo concreto, desde la Juventud Comunista de Almería y la Juventud Comunista de Zamora, como miembros del movimiento revolucionario dentro de la nación opresora, apostamos precisamente por la más consecuente resolución del problema nacional que, atendiendo a esa ausencia de referente revolucionario, pasa ahora por la separación de Cataluña. Sólo así podemos acabar con la mentalidad del obrero español, embrutecido por los carceleros patrios, y que concibe como natural que todo aquel que se enfrente contra los valores que emanan del Estado burgués y centralista español, ha de ser aplastado. Porque en España los proletarios conscientes comprobamos día a día aquello de que un pueblo que oprime a otro jamás podrá ser libre.
Con respecto al referéndum del 9 de Noviembre, parcheado por la burguesía media catalana pero que no ha desarticulado al movimiento nacional catalán que sigue siendo favorable a participar el 9-N; en tanto ejercicio democrático que además se torna en ejercicio de “desobediencia” contra el centralismo españolista, no podemos por menos que apoyarlo como la libre expresión de Cataluña en lo que a su relación con el resto del estado se refiere.
La conclusión es que, como no podía ser de otro modo, el revisionismo es incapaz de comprender la realidad y sólo utiliza recetas abstractas y prefabricadas. Desde los que proclaman el federalismo, hasta quienes se hacen representantes del economismo imperialista más descarado, y sin olvidar esos histriónicos ejemplos que lo reúnen todo; el revisionismo se muestra incapaz para incidir en el movimiento de masas y es incapaz de tener una posición seria ante los problemas de verdad. O, aún peor, desprecia vulgarmente la democracia y llama a boicotear el ejercicio de la misma, alienándose con la reacción centralista, lo que es propuesto, entre otras, por organizaciones que paradójicamente sitúan a su nación como eje vertebrador de la acción política.
Es curioso además comprobar hasta qué punto el revisionismo que alardea de práctica está podrido de teoricismo y es capaz de enfundarse cualquier traje con tal de no afrontar su incapacidad crónica: frente a las cuestiones que sólo puede resolver la dictadura del proletariado propone un largo camino de reformas democráticas a implementar desde el viejo estado reaccionario; y ante los problemas democráticos se refugia en un incierto “socialismo” (incierto porque poco tiene que ver con la dictadura revolucionarias de las masas en armas).
Recapitulando, nuestra posición es favorable a la independencia de Cataluña. Considerando que no podemos ofrecer una alternativa real y efectiva al actual movimiento democrático catalán y que este se desenvuelve sobre una problemática, la de la igualdad nacional, que puede resolverse en el imperialismo. Creemos que esa independencia puede resolver el problema, en tanto que ni la reacción española ni la catalana podrán refugiarse en su bandera nacional para pacificar la lucha de clases, tal como ocurre hoy día. Desde la igualdad nacional, los proletarios españoles y catalanes (y del resto de naciones oprimidas), comprenderán mejor quienes son sus verdaderos iguales y sus enemigos irreconciliables. El Sí agudiza la crisis política del Estado español, lo cual no implica que esta traiga consigo la revolución, pero en todo caso nos dota de un marco de acción más favorable para la lucha de clases en general, también para la lucha de clases a nivel ideológico. Además, nada podría despertar legítimamente más los recelos de cara a los camaradas que en Cataluña luchan por la revolución, que la sospecha de que los verdaderos comunistas tenemos cualquier tipo de apego por las fronteras de “nuestro” Estado-burgués, cuestión de la que sí adolecen, en general, las organizaciones revisionistas de ámbito estatal, podridas de españolismo.
El Sí igualmente entendemos que sirve para ser consecuentes en la educación de las masas de la nación opresora y también contra las aspiraciones de la reacción española, creando así problemas internos al imperialismo español. Esto va en la dirección leninista sobre que el reconocimiento de la independencia disminuye los riesgos de la disgregación. Apostamos por esta posición desde el reconocimiento de que lo que prima es la reconstitución ideológica y política del comunismo, de que ésta ha de realizarse mediante la alianza internacional del proletariado en el Estado español, que es el enemigo común que tenemos el proletariado catalán, gallego, vasco y español. Con ello decimos que esta posición puntual no implica que abandonemos en ningún caso el principio de un Estado, un Partido. A la par que reconocemos la independencia como método para resolver la opresión nacional en el Estado español en la actualidad, reforzamos el llamamiento a la unidad internacional de la clase obrera y específicamente, a la unidad para abordar la reconstitución comunista junto al proletariado consciente de las naciones oprimidas. Igualmente esta posición en la disyuntiva actual, nos sitúa frente al nacionalismo pequeño-burgués en tanto no convertimos el nacionalismo ni la creación de naciones en nuestra tarea (no apoyamos la independencia bajo cualquier circunstancia, sino atendiendo a las particularidades que marcan hoy el estado de la lucha de clases), sino que atendemos a las naciones que existen y desarrollamos aquello que Lenin denominaba “reivindicación negativa”, es decir, partiendo del reconocimiento del derecho de autodeterminación, buscamos el método más certero para resolver esta problemática democrática. En definitiva, en las condiciones dadas, que la vanguardia revolucionaria desde la nación opresora, desde España, apoye la independencia nacional de Cataluña implica que no damos ninguna concesión ni a la burguesía centralista española ni a la burguesía catalana, en tanto se favorece la democracia consecuente entre las naciones, educando a las masas, y nos sirve como puente, ni mucho menos el único, para estrechar lazos con el proletariado catalán y lo llamamos a participar de las mismas organizaciones revolucionarias de las que se dote el proletariado del resto del estado mientras sigamos bajo el mismo yugo.


¡Sin autodeterminación no hay democracia!
¡Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre!
¡Por la unidad internacionalista del proletariado!
¡Por la reconstitución del comunismo!
Juventud Comunista de Almería
Juventud Comunista de Zamora
Noviembre 2014


II sesión del EMA

. jueves, 10 de julio de 2014
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Les invitamos a asistir a la II sesión del EMA (Escuela Marxista de Almería).

El EMA consiste en una serie de sesiones periódicas que se realizan de forma abierta, es decir, cualquier persona puede asistir a las mismas. En estas sesiones se debaten y comentan textos clásicos marxistas, como una forma de exponer las concepciones e ideas propias en conjunto y de llegar, mediante el debate, a un punto cualitativamente más elevado.

En cuanto a la metodología, esta cambia respecto a la de la I sesión: se realizarán grupos reducidos de tal modo que todos los asistentes tengan que participar y expresarse ampliamente. Luego, un portavoz de cada grupo formulará las conclusiones a las que ha llegado dicho grupo al resto de los asistentes. Finalmente, se hará el debate entre todos los presentes.

Esta II sesión del EMA supondrá la continuación del ¿Qué Hacer? (V. Lenin) en la que se debatirá la II parte del libro, que engloba los capítulos 4 y 5. Tendrá lugar el próximo día 20 de Julio a las 16:00 h en la sede de USTEA Almería, C/ Gustavo Villapalos S/N, junto a los aparcamientos del Carrefour.

Les esperamos.


La revolución burguesa y el paradigma de la revolución proletaria

. domingo, 15 de junio de 2014
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El texto que se presenta sirvió de base para la charla-debate “La revolución burguesa y el paradigma de la revolución proletaria”, organizada por la Juventud Comunista de Almería y la Juventud Comunista de Zamora durante el pasado mes de abril. Esta charla, y el posterior debate que tuvo lugar, hicieron las veces de cierre de unas jornadas más amplias en las cuales, entre otras cuestiones, se realizó un taller de estudios sobre la Comuna de París, del cual este texto es también expresión de algunas de las conclusiones. Desde la JCA y la JCZ aprovechamos la ocasión para saludar a los y las camaradas y simpatizantes que colaboraron y participaron en el desarrollo de esas jornadas, ya que encuentros como éste son de vital importancia para el desarrollo del trabajo político de la clase obrera organizada.



Para leer el documento "LA REVOLUCIÓN BURGUESA Y EL PARADIGMA DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA" seguir el enlace: 

(JCA/JCZ) Primero de Mayo, clase obrera y Revolución

. viernes, 2 de mayo de 2014
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Hoy, celebrando el Día Internacional de los Trabajadores, recordamos los sucesos de mayo de 1886 en la ciudad estadounidense de Chicago, en donde unos trabajadores fueron condenados a muerte y ejecutados en el contexto de una serie de luchas obreras, cuyo nexo era la reivindicación de la jornada laboral de 8 horas. Aquellos hechos impactaron al movimiento obrero internacional que tomó entonces el Primero de Mayo como un día marcado no sólo como recordatorio de los mártires de nuestra clase, sino también como un día de lucha. De hecho la jornada de 8 horas, si bien nunca ha llegado a materializarse por completo en los Estados capitalistas, hubo de ser adoptada formalmente por la clase dominante en muchos países para frenar el empuje del movimiento obrero y revolucionario. 
La juventud trabajadora tiene en nuestro tiempo la necesidad de estudiar, analizar y comprender no sólo los acontecimientos puntuales, sino la historia de la lucha de clases en su conjunto para que ésta pueda servirnos como referente en las tareas inmediatas que ha de enfrentar en la actualidad el movimiento revolucionario y para evitar que fechas como la de hoy sean vaciadas de contenido por los enemigos de nuestra clase y utilizadas para apuntalar aquello contra lo que los obreros de Chicago se levantaron hace más de un siglo. Por ello, aunque sea brevemente, nos parece importante repasar, precisamente hoy, el desarrollo político de la clase obrera.

La formación de la clase obrera

El proletariado se formó como clase social a lo largo del siglo XIX: el desarrollo del mercantilismo capitalista, el acceso de la burguesía al Poder, la creación y rápida extensión de la gran industria, la migración en masa del campesinado a la ciudad y el empobrecimiento del viejo artesanado abrieron el paso a una nueva clase, que no tenía, y no tiene, más remedio que vender su fuerza de trabajo para subsistir, en tanto los medios de producción están en manos de la clase capitalista. Las deplorables condiciones de vida de aquellas capas populares hacinadas en las periferias de las ciudades, donde generaciones enteras morían una tras otra de inanición, sin derechos políticos ni sociales, impusieron a éstas la necesidad de asociarse y organizarse en torno a sus condiciones económicas y sociales más inmediatas (salariales, de salubridad en el trabajo). En este contexto de asociación en torno a luchas económicas, a lo que se une la influencia política de la democracia radical, se forja la clase obrera que toma la conciencia en sí que se expresa en el surgir del movimiento obrero. El desarrollo de éste y la experiencia de la clase obrera al participar en las insurrecciones y crisis revolucionarias que se darán en Europa a lo largo de aquel siglo (es significativo el año 1848) politizarán y dotarán de conciencia a cada vez más capas de la clase obrera, cuya cohesión definitiva como clase social vendrá determinada no sólo por su posición económica con respecto a los medios de producción, sino por su toma de conciencia política, aun dentro de los parámetros establecidos, como sujeto social con unos intereses particulares frente al resto de clases sociales.
En la segunda mitad del siglo XIX tenemos ya a un amplio movimiento obrero que se está organizando internacionalmente mediante la acción sindical, que a su vez va recogiendo las enseñanzas de su actividad política. El mejor ejemplo de ello es la creación, en 1864, de la I Internacional, la Asociación Internacional del Trabajo (AIT). El proletariado seguirá adquiriendo experiencia en la lucha de clases y, a la vez que, ya en ese último tercio de siglo, crea los grandes partidos obreros de masas, los partidos socialdemócratas de la II Internacional, aprende (con la mentada revolución de 1848 y con la Comuna de París, 1871) que para alcanzar sus intereses políticos no puede utilizar el Estado erigido por la clase capitalista (cuyos intereses son diametralmente opuestos a los de los trabajadores), sino que éste ha de ser destruidos mediante la imposición de la dictadura revolucionaria del proletariado, la democracia más amplia que puede existir en tanto deja todo el poder en manos de la mayoría de la sociedad y crea las condiciones para socializar los medios de producción y acabar con las clases sociales.

La clase obrera y la revolución

Sin embargo aquellos partidos socialdemócratas no serían más que la extensión y consolidación de un tipo de organización que se identificaba con el período de formación de la clase obrera. Estos partidos ayudaron a politizar a la clase e incluso expandieron el marxismo como visión del Mundo de los oprimidos. Pero actuaban desde los viejos métodos, luchando por reformas y planteando que éstas debían ser implementadas por la propia clase obrera desde el Estado burgués.
 Al agotamiento político de ese tipo de organización se le une, en el plano económico, que el final de siglo verá como el capitalismo entra en su fase superior y se convierte en imperialismo, al repartirse todo el planeta y al convertir al capital financiero (como fusión del capital bancario e industrial) en director general de la sociedad burguesa, dividiendo el Mundo a imagen y semejanza de su propia sociedad: con unos cuantos Estados imperialistas y con una mayoría de países oprimidos. Esto es muy importante para observar la política de nuestro tiempo pues esas condiciones son las que permiten que en los países privilegiados surja una capa, dentro de la clase obrera, que se beneficia de la posición de su clase dominante en el plano internacional, y se alíe e integre en su Estado, gestionando la dictadura capitalista y aprovechando tal situación (la mejor representación de esto son hoy los sindicatos oficiales y los partidos reformistas). Esta capa se define como aristocracia obrera y sus intereses de clase cuadran perfectamente con la reforma del capital que proponía la socialdemocracia histórica y cuyas concepciones erróneas, dogmáticas y unilaterales con respecto al marxismo le dan el título de revisionista.
En este contexto, ya a inicios del siglo XX, surgirá el movimiento comunista. En Rusia se da una enorme lucha ideológica y política entre las distintas tendencias dentro de la vanguardia obrera, siendo la más solícita la que divide al partido socialdemócrata en mencheviques y bolcheviques. Los primeros identificaban las tareas de la revolución rusa de forma mecánica, en base a los postulados reformistas de la II Internacional. Los bolcheviques por su parte, ven las limitaciones de la táctica socialdemócrata y consiguen ir más allá: recuperan la tesis marxista sobre la necesidad de destruir la máquina estatal burguesa y la conectan con la forma de organización política que para ello necesita el proletariado. Sobrepasan al viejo partido de reformas y constituyen el partido obrero de nuevo tipoel Partido Comunista, que es un amplio movimiento político organizado en el cual la vanguardia de la clase obrera expresa sus vínculos con el resto de la clase al hacer que tomen en sus manos el Poder y lo desarrollen desde los organismos de dictadura del proletariado, que por las condiciones concretas de Rusia tomarían forma en los Soviets. El partido proletario entonces deja de ser mero receptáculo de las demandas inmediatas de la clase obrera, para ser el sistema de organizaciones que unifican a los oprimidos con la puesta en marcha del programa revolucionario, ocupando la conciencia para sí, la conciencia revolucionaria el papel central en el desarrollo del plan político de la clase obrera, en detrimento de los postulados socialdemócratas y revisionistas que situaban la lucha por reformas, el movimiento espontáneo tal y como se expresa frente al capital, como el centro de su actividad práctica. Este desarrollo cualitativo que situó al proletariado revolucionario a la altura de sus tareas históricas dotándolo de los instrumentos de la revolución socialista (el partido comunista, la dictadura del proletariado), permitió tomar el poder a los obreros y campesinos rusos, siendo ésta la base sobre la que se constituye la Internacional Comunista y el Movimiento Comunista Internacional, en cuyo seno se desarrollarán importantes experiencias, como la Revolución en China, que permitió al proletariado mundial comprender la guerra revolucionariacomo parte integral de la construcción de su movimiento político.

La revolución, hoy

La lucha de los mártires de Chicago, a los que recordamos este día, se circunscribe en el período en que el proletariado aún se cohesionaba como clase social y en donde las reivindicaciones económicas y, derivadas de éstas, socio-políticas, ocupaban el papel central del movimiento obrero. Sin embargo el desarrollo histórico nos ha mostrado que la centralidad de nuestro movimiento ha de partir de la conciencia revolucionaria, de la constitución del Partido revolucionario como reflejo de la unión entre la vanguardia y nuestra clase en aras de la lucha por la Revolución Socialista. El período actual se caracteriza porque nuestra clase carece de sus organizaciones revolucionarias. El movimiento obrero existente, incluidas aquí la mayoría de organizaciones que se definen “comunistas”, define su línea política en base a posiciones revisionistas, esto es, hacen girar su actividad política en torno a las reivindicaciones inmediatas de nuestra clase y pretenden desarrollar la “revolución” desde el reformismo. Esto cristaliza en su énfasis exclusivista en las huelgas o en elecciones parlamentarias, práctica que no sólo no conduce a la “revolución” sino que, como estamos viendo especialmente con la actual crisis, tampoco nos sirve para defendernos de las agresiones del capital.

El mejor homenaje que se puede empuñar para continuar el legado de los obreros de ayer y para luchar hoy y en el futuro por la emancipación de los oprimidos, anida junto a las tareas de la revolución. Éstas a su vez pasan por la organización sobre la base de la síntesis de la experiencia práctica revolucionaria y mediante la lucha ideológica y política en el seno de la misma clase organizada, la vanguardia. En definitiva, la revolución no está ni en volcarse en la siguiente huelga ni en presentarse a las próximas elecciones, la revolución pasa por organizarse y luchar por la reconstitución del comunismo.

Juventud Comunista de Almería
Juventud Comunista de Zamora



Primero de Mayo 2014

CHARLA-DEBATE CRISIS Y REESTRUCTURACIÓN CAPITALISTA

. sábado, 26 de abril de 2014
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En el marco del 1º mayo, se realizará una charla con un posterior debate en torno a la crisis económica, explicada ésta desde el marxismo, para poder abordar el momento actual en el que se está produciendo una reestructuración del bloque dominante capitalista así cómo estudiar su correlación de fuerzas. 

Entender como las diferentes fracciones del capital usan a la clase obrera como arma arrojadiza en sus disputas interburguesas, es esencial para que se pueda comenzar a articular un movimiento obrero que ideológica y politicamente sea independiente a intereses que son ajenos a nuestra clase.



La charla se realizará en la sala Juan Goytisolo (puerto de Almería) el jueves 1º de mayo a las 18:00h.


Artículo de debate: "Polémica con el PTD en torno a la línea revolucionaria"

. lunes, 7 de abril de 2014
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Desde los colectivos de la Juventud Comunista de Almería y la Juventud Comunista de Zamora, continuamos el debate con el Partido del Trabajo Democrático (que a su vez replicó,  nuestro artículo "Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico". La réplica puede leerse pinchando aquí) , a fin de colaborar en el esclarecimiento ideológico y político necesario para que el movimiento comunsita se reconstituya. A este debate se unen los camaradas de "Nueva Praxis", que publican un trabajo destinado a deslindar con el revisionismo y a coadyuvar en el desarrollo de los lineamientos generales de la Revolución Socialista, y de la reconstitución del movimiento revolucionario, en el Estado español. Ambos trabajos han sido publicados en el blog REVOLUCIÓN PROLETARIA:

-(JCA/JCZ) Polémica con el PTD en torno a la línea revolucionaria

-(NP) El sacrificio del nonato. Respuesta al PTD

Publicamos a continuación nuestra introducción, junto con los camaradas de la JCA, a este nuevo aporte al combate ideológico en el seno de la vanguardia de la clase obrera.
El artículo puede además descargarse en archivo pdf desde kaosenlared.
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(POLÉMICA CON EL PTD EN TORNO A LA LÍNEA REVOLUCIONARIA. JCA/JCZ)
"En marzo del año pasado publicamos nuestro trabajo “Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico”. En aquella ocasión nos propusimos la tarea de analizar los fundamentos ideológico-políticos de las organizaciones mayoritarias en el ámbito juvenil del movimiento comunista existente, la UJCE y los CJC, con el objetivo de desarrollar la lucha ideológica en torno a sus posiciones. En aquel momento los CJC publicaron una serie de trabajos dedicados a analizar la línea de la UJCE. Ésta última despreció, en su tónica habitual, cualquier debate en torno a cuestiones de índole ideológico, llegando a advertir a propios y extraños, que la sucesión de textos dedicados a desmenuzar la línea de la UJCE eran una “provocación”. Nuestros colectivos ni mucho menos estábamos en acuerdo con los planteamientos de los CJC, así lo expusimos en el trabajo mentado, pero el mero hecho de que desde la dirección de la UJCE se diese el toque de corneta para un repliegue en el campo ideológico, limitándose a señalar cuestiones de forma, muestra lo poco que tienen que aportar a la revolución proletaria los dueños legales de las siglas históricas, que siguen empeñados en confiar su desarrollo interno al equilibrio entre las controversias políticas interrevisionistas (algo que se enmarca en la mejor de las escuelas del oportunismo: liberalismo absoluto para con las tendencias más derechistas, muro burocrático para con los sectores que se acercan al marxismo); mientras su desarrollo externo queda, en consonancia con todo el campo revisionista, al devenir espontáneo de la lucha de clases.  
Por su parte los CJC, una vez finalizaron su “ofensiva” con respecto a la línea de la UJCE, cerraron cualquier tipo de espacio en el cual debatir con el resto de la vanguardia. Ese posicionamiento, da a entender que para tal destacamento el debate ideológico sólo se concibe como una forma de crecer cuantitativamente, rasgando militancia a otros destacamentos (algo totalmente lícito que cualquier organización tiene el derecho a realizar) en coherencia tal vez sobre su auto consideración como “Estado Mayor” de la clase obrera que tanto el PCPE como su organización juvenil vienen esgrimiendo.  
En aquel debate también tocamos la línea política seguida por la antigua Unión de Jóvenes Comunistas de Madrid, cuyo núcleo formó, una vez fuera de los CJC, el Partido del Trabajo Democrático (PTD). Meses después de la publicación de nuestro trabajo, desde el PTD se nos informó sobre su propuesta de crear una “Mesa de Unidad Comunista”, en la que serían partícipes el grupo que se separó en 2013 de CJC Castilla-La Mancha y la Unión Proletaria. Entendemos que la incorporación de ambos destacamentos al proyecto del PTD (que se llevará a cabo estos días) es producto de la mentada “Mesa” si bien hasta el momento el proceso ha sido opaco para el resto de la vanguardia, lo que contrasta con la necesidad que tiene nuestro movimiento de desarrollar la lucha de dos líneas para clarificar todos los aspectos generales de la política revolucionaria y que han de ser expuestos ante el conjunto de la vanguardia y nuestra clase. Aunque esperamos que los camaradas sigan esa sana tradición de hacer públicas a la vanguardia las conclusiones a las que hayan llegado en dicho proceso. 
Ante la propuesta de participar en dicha “Mesa”, allá por septiembre de 2013, advertimos a los camaradas que lo más saludable para la vanguardia y para la clase obrera en su conjunto, antes de lanzarse a unificar destacamentos para realizar las labores sindicales que la mayoría del movimiento ya realiza separadamente, era comprender que el aspecto fundamental y el que marca a día de hoy los requisitos prácticos que ha de solventar la vanguardia comunista están en la cuestión de la ideología, auténtico cimiento de unidad partidaria; por lo que en vez de incorporarnos a la Mesa propusimos a los camaradas que respondiesen públicamente a la crítica que les realizábamos, integrada en nuestro trabajo antedicho. Algo a lo que los camaradas accedieron sin ningún problema y que se materializó en el texto que publicaron el pasado mes de diciembre, “Respuesta del PTD al documento “Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico.”, de las JJCC de Almería y Zamora, al que contestamos a continuación. 
Cabe añadir que en esta ocasión el debate viene acompañado de las aportaciones de un nuevo destacamento, Nueva Praxis, con el cual venimos discutiendo en torno al documento de los camaradas del PTD prácticamente desde su publicación. En este sentido llegamos desde la JCA y la JCZ, junto con Nova Praxis, a la conclusión de que el mejor mecanismo para enriquecer el debate y poder dar un desarrollo más amplio y profundo a la lucha de dos líneas, tanto entre nuestros destacamentos como a nivel de toda la vanguardia, era el de publicar nuestras posiciones de forma separada, las cuales son, por otra parte, bastante similares, uno de los elementos que ha propiciado que ambos documentos se publiquen de forma coordinada. (...)"

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